dilluns, de gener 16, 2006

El pastel al descubierto

"Parole, parole, parole..." dice la canción. Es así: tras ardua labor de investigación, que incluyó la infiltración de un agente camuflado en el Grupetto "Cavallino di Ferro", ha quedado claro que dicho Grupetto no es sino una invención cibernética, una cortina de humo de palabras en HTML, una vacuedad escondida tras unas pocas salidas para despistar a los inexpertos observadores.
Ha comenzado para el agente Speedz el desmantelamiento de la infrestructura, con enajenación de los activos adscritos a este dossier (léase, según publicado en los medios, venta de la bicicleta Trek 4500, o su eventual trueque por un juego de dominó, aunque le falten piezas). A continuación vendrá la solicitud a las autoridades competentes para la baja forzosa del Blog, por (según términos del gabinete jurídico) "propiciamiento de falsas expectativas".
Es que sois unos gandules, vaya.

dimarts, de gener 03, 2006

EL MISTERIO DE KOMONDOR


Al llegar su jubilación, el hombre de aspecto bonachón con aire de Papá Noel venido a menos solía dar largos paseos alrededor de su masía. Amante de la naturaleza y de los animales, apegado a las tradiciones de la tierra de sus antepasados, siempre había disfrutado del refrescante aire de la sierra, que dada la proximidad de la gran ciudad era muy frecuentada por urbanitas ávidos de espacios abiertos y tranquilidad.
Desde la atalaya privilegiada de la vila de Collserola, había observado con el paso de los años la inexorable urbanización de las laderas de la montaña, que conocía a la perfección, amaba y sentía como suya. La sincera cortesía que mostraba con los paseantes fue apagándose lentamente a medida que estos se hacían más numerosos y escandalosos. Con el advenimiento de la enfermiza obsesión popular por la forma física y la salud, promocionada institucionalmente por la alcaldía con lemas como “posa’t guapa”, los practicantes de jogging, footing, running y más tarde de mountain biking invadieron el único pulmón verde que tenía Barcelona.
Para entonces la cortesía ya había desaparecido para siempre y el único sentimiento que dominaba su mente al cruzarse con esos ruidosos y sudorosos ciudadanos era el desprecio. No entendía dónde querían llegar tan rápido, a esas velocidades y haciendo cada vez más ruido. Estaba convencido de que no podían percibir la esencia de la naturaleza que les rodeaba.
Para combatir el tedio de la inactividad impuesta por el artificio de la edad laboral, que nada tiene que ver con la edad biológica de las personas, empezó a gastar bromas a los deportistas de fin de semana durante sus paseos. Al principio eran sencillas, como indicar el camino equivocado a familias desorientadas que lucían flamantes zapatillas extranjeras fabricadas por niños asiáticos. Cualquier excusa era buena para justificar sus travesuras, “no me gustan esas ostentosas familias de Sarriá, si hubiesen calzado unas Chirucas unas Kelme o unas Paredes, tal vez les hubiese indicado el camino de la Font Groga”. El placer que obtenía de estas inocentes burlas, lo compartía y comentaba con los compañeros de “la vila” a la hora del vermut, que tardaron muy poco en animarse y hacer lo propio. Se estableció entonces entre ellos una animada competición para ver quién era capaz de ridiculizar de la forma más sutil e ingeniosa a los domingueros. Las bromas se volvieron cada vez más elaboradas y maliciosas hasta el punto que un día se le ocurrió la idea de esquilar una de sus ovejas de forma peculiar, atarle una correa e ir a pasear con ella como si fuera un perro. Al llegar a un área de aparcamiento junto a la carretera, se le acercaron pedaleando cansinamente a lomos de bicicletas de importación tres amiguetes del Lyçée Français de Barcelone, ya entrados en años y fuera de forma. “¡Me cago en la leche!, ¿porqué no irán en una BH, una Torrot o una Orbea?” se preguntó. El último de los ciclistas, más alto y rechoncho que los otros, desmontó de la bicicleta desfondado y con la excusa de acercarse a ese curioso chucho, pues él también se consideraba un amante de los animales, para descansar entabló conversación con el dueño. ¡Que perro más guapo! ¿De que raza es? El hombre contestó sin vacilar con una sonrisa, “es un Komondor, un fiero perro de origen húngaro que por su parecido con las ovejas se utilizaba para proteger a los rebaños de los lobos”.
Tal vez fue por la hipoxia inducida por el ejercicio pero ninguno de los agotados ciclistas se percató del engaño y eso que en ese preciso instante el bicho empezó a defecar un montón de bolitas oscuras y redonditas.